Durante años hemos visto el “desierto” como un castigo. Como esa etapa horrible que hay que pasar rápido. Oramos: “¡Sácame de este desierto, Señor!”. Pero cuando vamos al hebreo, nuestra perspectiva cambia radicalmente.
LA RAÍZ OCULTA:
En español, “desierto” suena a algo meramente desolado y vacío; sin embargo en hebreo “desierto” toma otra connotación. La palabra hebrea para desierto es: MIDBAR (מִדְבָּר). Aquí está el secreto que cambia todo: Esta palabra comparte la misma raíz “ד-ב-ר” (Dálet-Beit-Resh) que la expresión DAVAR (דָּבָר) que significa “Palabra” “lo que se habla”.
En el pensamiento hebreo, el desierto (Midbar) no es el lugar del silencio. Es el lugar del “DABAR” de la “PALABRA”. Es el lugar donde Dios HABLA.
¿POR QUÉ DIOS NOS LLEVA AL MIDBAR (DESIERTO)?
En la ciudad hay ruido. Hay distracciones. Hay opiniones de hombres. Hay ídolos. Dios nos lleva al desierto no para matarnos, sino para que podamos oír Su Voz sin interferencias.
No es casualidad que el profeta Moshéh (Moshéh) recibió la Toráh (Ley) en el desierto. El profeta Eliyáh (Elías) escuchó el silbo apacible en el desierto. Y nuestro Señor Yeshúa fue conducido al desierto como parte de su preparación para Su Ministerio. Así que, el desierto no es un cementerio, ES UN SANTUARIO.
EL PROPÓSITO DEL PROCESO:
Si estás viviendo conforme a la Voluntad Divina, pero sientes que estás en un lugar seco, solo y difícil, no te desesperes, no es que Dios te abandonó, es que Dios está limpiando el ruido para que escuches Su Instrucción, su Toráh.
El problema del pueblo de Yisrael no era el desierto, era que seguían buscando consuelo en Egipto, en lugar de buscar la Voz de Dios. Eso mismo nos puede pasar hoy, Egipto (el mundo) habla muy duro, y por eso es necesario ser llevados al desierto. Dios no te llevó ahí para que mueras de hambre y sed, o para ser devorado, te llevó ahí para hablar a tu corazón, tal como lo enseña la Biblia en libro del profeta Hoshea (Oseas) 2:14.
DEJA DE LUCHAR, EMPIEZA A ESCUCHAR:
Quizás hoy tu oración no debería ser: “¡Sácame de aquí!”. Sino: “¡Háblame, Señor, que en este silencio tu siervo oye!”.
Porque, quien aprende a escuchar el DAVAR (PALABRA) en el MIDBAR (DESIERTO), sale de allí con una autoridad que la comodidad nunca podrá darle.
MIDBAR (DESIERTO) ES EL TALLER DEL MAESTRO. No temas al proceso. Teme no escuchar lo que Él está diciendo.



