Cuando Yeshúa Mashíaj sanó en Shabat, no lo hizo para quebrantar el Mandamiento, sino para reivindicar y revalidar el propósito del Shabat que es hacer lo bueno y salvar el alma; ya que el Shabat se encontraba secuestrado por la clase religiosa.
Nuevamente entró Yeshúa en la sinagoga; y había allí un hombre que tenía una mano paralizada. Y le acechaban para ver si en el Shabat le sanaría, a fin de poder acusarle. Entonces dijo al hombre que tenía la mano paralizada: Levántate y ponte en medio. Y les dijo: ¿Qué está permitido en los días de Shabat hacer bien, o hacer mal; salvar el alma o matarla? Pero ellos permanecieron callados. Entonces, rodeándoles con mirada de indignación, y muy triste por la dureza de sus corazones, dijo al hombre: ¡Extiende tu mano! Y él la extendió, y la mano le fue restaurada. Y habiendo salido los fariseos, tomaron consejo con los herodianos contra él con el fin de destruirle.
La única verdad es que Yeshúa no quebrantó el Shabat, sino que enfrentó las invenciones y tradiciones de hombres con que tenían encadenado al Shabat, en pocas palabras, el Dueño del Shabat reclamó y liberó lo que era suyo, para que en Shabat hagamos lo bueno y salvemos las almas.



