En el judaísmo del tiempo de Yeshúa se enseñaba que la saliva, especialmente la del Primogénito de un padre, tenía propiedades curativas particularmente para la ceguera. De hecho, esta creencia quedó registrada posteriormente en el Talmud en el Tratado de Bava Batra 126b.
Así, Yeshúa estaba confirmando que Él era el Primogénito del Padre Celestial, y dando testimonio aun, por medio de las creencias que los religiosos de su tiempo tenían. Así que, no tenían pretexto para no creer que Yeshúa era el Primogénito, el Hijo de Elohím.



