Cuando hablamos del hombre más longevo, es decir, que más ha vivido, viene a nuestra mente el nombre de Matusalén, quien vivió 969 años según la Biblia.
Cuando trazamos una línea cronológica observamos que el año de la muerte de este hombre fue el mismo año en que sucedió el Diluvio Universal, (no estoy diciendo que él murió en el Diluvio, sino que él murió el mismo año en que éste sucedió), pero esto no es mera coincidencia, pues se trataba de un cumplimiento profético inscrito en su propio nombre.
Para entender lo que estoy diciendo, debemos recurrir al nombre “Matusalén” en hebreo, el cual es “Metushélaj” “מְתוּשֶׁלַח”. Y cuando observamos su nombre en hebreo podemos ver algo sorprendente, pues su nombre significa “Muerte Enviada”.
El nombre “Metushélaj” está compuesto de dos palabras hebreas: la primera es “Metú” “מְתוּ” que, en gramática hebrea, es el tiempo perfecto de la palabra “mut” “מוּת” “muerte”. Y la segunda es “shélaj” “שֶׁלַח” que significa “enviar”, y se usa en el sentido de disparar una flecha o proyectil, también lanzar un ataque con espada. Es decir, “shélaj” se usa para indicar un ataque; de hecho, el verbo “atacar” en hebreo es “lehishtaléaj” “לְהִשְׁתַּלֵּחַ” que comparte la misma raíz o etimología con la palabra “shélaj” que es “shalaj” “שׁ-ל-ח”.
Veamos un ejemplo del uso en la Biblia de estas dos palabras:
Génesis 7:22 “Todo lo que respiraba aliento de espíritu de vida en sus narices, todo lo que estaba en lo seco, murió.”
(Verbo hebreo en tiempo perfecto: Metú).
Job 33:18 “Detendrá su alma del sepulcro, y su vida de que sea atravesada por espada (o proyectil).”
(Sustantivo hebreo: Shélaj).
Así que, el nombre “Metushélaj” marcaba al final de sus días, el límite de la paciencia del Dios Eterno antes de ejecutar su juicio, antes del Diluvio. Con la muerte de “Metushélaj” se desataría el juicio Divino. Por eso, su vida, la más larga registrada, se entiende como una señal de la paciencia de Dios, y su muerte simboliza el límite de esa gracia antes del juicio.
1 Pedro 3:20 “A aquellos que fueron desobedientes en los días de Nóaj, mientras Dios [Elohím] esperaba con paciencia, entretanto se construía el arca. Y en ella, tan solo ocho almas se salvaron mediante el agua.”
Qué complejo debió ser para “Metushélaj” llevar semejante nombre, semejante marca, por tantos años, sabiendo que su nombre marcaba el inexorable destino fatídico de los humanos si no se arrepentían.
De esto que hablamos, solo es posible observarlo desde el lenguaje del hebreo; y, obviamente, por la inspiración dada, por medio del Espíritu de Dios.


