Comparto este estudio que tomé del portal “La Patria” del año 2020.
Los cinco “maridos” de la samaritana no eran hombres, eran ídolos. Eran pactos. Eran naciones. Cuando Yeshúa le dice a la mujer samaritana:
“Cinco maridos has tenido” (Juan 4:18), no está hablando de una vida moral desordenada, sino de una historia espiritual quebrada.
Después del exilio, Samaria fue repoblada con pueblos extranjeros. Cada nación trajo su dios, y el resultado fue una mezcla de fe sin pacto verdadero. La Escritura lo explica con precisión en 2 Reyes 17:30–31.
El que la mujer samaritana tenga 5 maridos, significa que los samaritanos tenían dioses importados por cinco grupos paganos: Babilonia, Cutá, Avá, Jamat y Sefarvaín. El dios de los cananeos se llamaba Ba’al, palabra que se había convertido en un nombre común para designar a los falsos dioses.
• Sucot-benot: Adorado por los hombres de Babilonia.
• Nergal: Dios de la gente de Cuta.
• Asima: Adorado por los habitantes de Hamat.
• Nibhaz y Tartak: Dioses introducidos por los de Ava.
• Adramelec y Anamelec: Ídolos de Sefarvaim a quienes, según el relato bíblico, se les ofrecían sacrificios humanos (quemando a sus hijos en el fuego)
“Y el que ahora tienes no es tu marido”. La adoración samaritana ya no era idolatría abierta, pero tampoco era pacto verdadero. Era mezcla: devoción sin obediencia plena, fe sin verdad completa. Por eso Yeshúa declara que adoraban sin conocer. No hay esposo sin alianza; no hay matrimonio sin fidelidad.
El texto es claro: adoraban a estos dioses y, al mismo tiempo, decían temer a Adonai. Cinco maridos falsos… y una adoración mezclada que creía estar bien.
En las lenguas semíticas la palabra ba’al significa también “marido” y “dueño”, es un juego de palabras, según el profeta Oseas.
Oseas 2:18-19 “Aquel día ella me llamará “marido mío”, ya no me llamará “Ba’al mío.”
Se anuncia que los samaritanos llegarán a la conversión:
Oseas 2:19 “Retiraré de su boca los nombres de los baales, que nunca más volverá a invocar”
Yeshúa hablando con la samaritana materializa la conversión de los samaritanos. Ellos dejarán de adorar a otros dioses y aceptarán al único Dios verdadero y le “podrán adorar en espíritu y en verdad” (Juan 4,24). Y demuestra también el derrumbe de los prejuicios ante el ascenso de la sed de Dios y la urgencia de correr a invitar a los demás a “venir a ver”, a experimentar, al único Dios que es Amor y Misericordia.


