Cuando les preguntaron a Pedro y a los demás apóstoles que estaban en Jerusalem, ¿qué debían hacer tanto judíos como gentiles que eran temerosos de Dios, y que acababan de oír el mensaje de Salvación en sus diferentes idiomas? ¿Qué respondió Pedro? Veamos:
Había en Yerushaláyim judíos residentes, también varones temerosos de entre todos los gentiles bajo el cielo. Y hecho este estruendo, se juntó la multitud; y estaban confundidos, porque cada uno les oía hablar en su propio dialecto. Y estaban asombrados y maravillados, diciendo: Miren, ¿acaso no son de Galil todos estos que hablan? ¿Cómo, pues, les oímos nosotros hablar cada uno en nuestro propio dialecto en el que hemos nacido?
Al oírlo entonces, se conmovieron profundamente de corazón, y dijeron a Pedro y a los otros apóstoles: Varones hermanos, ¿qué debemos hacer?. Pedro les dijo: Arrepiéntanse, y bautícese cada uno de ustedes en el Nombre de Yeshúa Mesías, para perdón de los pecados; y recibirán el regalo del Espíritu de Santidad.
Después de estas cosas el apóstol escribe en su carta primera sobre la importancia del Bautismo en el Nombre de Yeshúa:
Ya que el Mesías murió una vez para siempre por los pecados, el justo por causa de los injustos, para llevarnos a Dios, habiendo muerto en verdad en la carne, pero vivificado en Espíritu. Y por medio del Espíritu predicó en los tiempos antiguos, a los espíritus que ahora están encarcelados, aquellos que en los días de Nóaj, desobedecieron, mientras Dios esperaba con paciencia, entretanto se construía el arca. Y en ella, tan solo ocho almas se salvaron mediante el agua, agua que ahora está representada en el bautismo que los salva también a ustedes. Aquel bautismo que no consiste en la limpieza del cuerpo, sino en el compromiso de mantener una buena conciencia delante de Dios. Y esta salvación que se da, es posible por la resurrección de Yeshúa Mesías, quien habiendo subido al Cielo está a la derecha de Dios, y a quien están sometidos los ángeles, las autoridades y las potestades.



